5 errores que evitar a la hora de escribir fantasía

La fantasía es, junto con la ciencia ficción, uno de mis géneros favoritos. Es el que más consumo con diferencia (no en vano mi primera novela es de fantasía) y, ya no como escritor, sino como lector, hay una serie de características que me echa para atrás encontrar cuando leo un manuscrito de este género.

Creo que la mayor parte de los que escribimos/leemos fantasía hemos recibido una fuerte influencia de Tolkien, en el sentido de que nos fascina su mundo y todas las posibilidades que ofrece, y por tanto nos sentimos atraídos a reproducir uno parecido. Sin embargo, no hay que caer en ciertos errores que esta influencia tiende a generar.

Hoy comparto con vosotros 5 errores que evitar para construir una buena novela de fantasía:

 

  • Tostones enciclopédicos

Esto me mata.

Es un elemento muy característico de los escritores primerizos de fantasía, y suele darse a menudo bajo la premisa de que “así es como lo hacía Tolkien” —ya que él a menudo utilizaba prólogos y momentos explicativos—, o también cuando un autor es consciente de que se ha tomado mucho tiempo para diseñar el mundo en el que tiene lugar la acción —el famoso worldbuildingy algo en su interior le empuja a querer hacer al lector partícipe de ello cuanto antes.

Los tostones suelen encontrarse, como he dicho, al principio de la novela; con explicaciones kilométricas sobre quién es quién y cómo funciona todo en vez de colocar al lector en medio de la acción y dejar que su curva de aprendizaje sobre este nuevo mundo se vaya desarrollando con naturalidad.

Posible solución: Lo dicho, colocando al lector en medio de la acción. Dejando que el mundo, su sociedad y sus reglas vayan calando poco a poco pero sin caer en la falta de datos.

Esto, en realidad, ayudará a generar en él esa curiosidad sobre los sucesos y conflictos que han tenido lugar, y querrá seguir leyendo.

 

  • Worldbuilding pobre

Aunque parezca sencillo, construir un mundo completamente nuevo —y hacerlo verosímil— es una cosa terriblemente difícil: solo mira cómo funciona el nuestro.

No es tan fácil como arrojar una serie de razas y unos climas sobre la geografía; uno debe pensar de qué manera se relacionan sus sociedades y por qué, qué creencias tienen y, sobretodo, cómo funciona su economía, cómo se sustentan.

En lo personal, no hay nada que me saque más de una historia que leer incongruencias en este sentido, o simplezas sonrojantes.

“¿No podemos volver a la primera página y empezar de nuevo?”

Una vez más, piensa en el mundo en el que vives: cómo unas culturas han afectado a otras con el paso del tiempo, cómo se han eliminado unas religiones y otras han ganado fuerza, como existen países que nunca han sido invadidos gracias a su manera de manejar la diplomacia entre imperios o cómo existen aún tribus que se mantienen vivas en rincones remotos del mundo.

Pero lo más importante: piensa por qué. El por qué siempre es la clave.

En cuanto a las criaturas y la geografía, hay mucha gente que prefiere dejar de lado la verosimilitud y abogar por la espectacularidad —monstruos gigantes, planetas con dos soles, etc—, aunque el público, cada vez más, tiende a buscar que le expliquen los hechos de formas racionales.

Es decir, está bien tener un planeta con dos soles, pero, ¿no afectará  completamente a su gravedad y sus ecosistemas? Y, ¿de qué manera lo hará? Todas estas son cosas a tener en cuenta.

Otro error habitual es crear un mundo estilo “cuento de hadas” donde están los malos muy malos y los buenos muy buenos, pero hay que tener en cuenta que una sociedad realista se guía por motivos más realistas y diversos que la bondad y la maldad.

Un rey puede ser indulgente pero necesitará proteger su reino, y a veces hará cosas cuestionables para ello; un hombre puede ser un emperador despiadado, pero es quizá porque le arrebataron todo lo que amaba, o porque sus padres eran unos hijos de puta. Todo tiene su razón, las cosas no son sólo blancas y negras.

Posible solución: Utilizar tu propio mundo como paleta. Investiga cómo se han formado sociedades, cómo se han sucedido guerras y por qué. Básate en conflictos y dales una vuelta de tuerca. Coge tribus, creencias, extrae su esencia y hazla tuya para poder desarrollarla luego.

 

  • Situaciones y personajes clichés

Creo que la historia del granjero don nadie que se transforma en el guerrero más fuerte del reino, o que tiene un destino por cumplir —que si encontrar la espada tal o el medallón pascual—, la hemos visto todos. El personaje del mago mentor que muere en el segundo libro, la mujer que debe ser salvada, el malo malísimo con sus tropas del infierno que quiere dominar el mundo y demás personajes manidos —véase este artículo traducido de Peter Anspach sobre las cien cosas que haría si fuera un villano— ya no sorprenden a nadie.

En el mundo moderno impresionar es cada vez más complejo porque, como se suele decir, “está todo inventado”.

Yo creo firmemente que no es así. Es solo que estamos acostumbrados a unos esquemas determinados y a veces nos cuesta salir de ellos, entre otras cosas, porque hollywood nos lleva bombardeando desde hace muchos años con los mismo estímulos. Las historias, en el fondo, son las mismas, pero hay mil maneras de contarlas.

Por eso, una de mis propias reglas es: coge algo que te interese contar y dale la vuelta. Y, cuando tengas un resultado, vuelve a darle otra vuelta. Hazlo diferente, piensa en qué esperaría la gente de algo y haz lo contrario.

Posible solución: Aparte de esto que acabo de mencionar, para ir empezando quizá puede ser una buena idea mezclar géneros. Por poner un ejemplo, El Imperio Final de Brandon Sanderson no deja de ser un Campbelliano viaje del héroe que ha sido mezclado con una historia de robos tipo Oceans Twelve donde cada personaje tiene su especialidad dentro del plan maestro.

¿Suena guay, no? Pues, si has leído la novela, te darás cuenta de que tiene terribles similitudes con Star Wars. Fíjate: prota que es un cualquiera descubre que tiene grandes dotes para un poder extraño y será reclutado por una resistencia que le entrenará en dicho poder con el fin de derrocar un imperio/un emperador cruel.

Es decir, lo que más importa es cómo cuentas las cosas, porque la mayoría de las historias si han sido contadas, y al final se basan en unos pilares comunes.

 

  • Magia inexplicable

No es que esto sea un error, porque cada uno diseña su mundo como cree más conveniente. Sin embargo, debes tener en cuenta las consideraciones de la magia.

Creo que una forma sencilla de explicar lo que quiero decir es lo siguiente: si encender una luz fuera gratis para un mago (sin un coste, llamemos, de “maná”), ¿no se estaría haciendo rico su gremio cobrando por ser la compañía de luz del reino? Pues así con todo.

Es decir, todo en este mundo tiene un coste. Si no lo tuviera, sería menos interesante, ¿no?

Pongamos otro ejemplo sencillo. Cuando uno lanza un puñetazo, cuanta más fuerza aplica, más energía gasta, y por tanto también se cansa antes. Además, uno, como persona, puede golpear de diferentes maneras, pero estas son limitadas por la estructura ósea y muscular que tiene: por un mecanismo. Pues la magia es igual. Debe tener una forma, un sentido, unas limitaciones y un mecanismo.

Esto no solo la hace más creíble, sino que a medida que nuestro lector se vuelca en la historia, también aprende su uso y disfruta más cuando creamos formas más complejas de usarla, o combates más espectaculares que requieren que el lector tenga conocimientos desarrollados en el tema.

Posible solución: Darle vueltas a la cabeza es imprescindible. Lo más recomendable es tratar de crear un sistema original que no se base en la típica idea de “el coste por hacer un hechizo es que me canso”.

Lo dicho: no es que esté mal, mucha gente está acostumbrada pero sí es menos original, y por tanto corre el riesgo de atrapar menos al lector. No hay que olvidar que uno de los rasgos fundamentales de la fantasía es el uso de la magia.

 

  • Ponerse barroco

Hay una evidente conexión entre escribir fantasía y la tendencia a escribir como si estuviéramos en el barroco. Es decir, de una forma mucho más recargada que si fuera otro el género.

Esta claro: se debe a la necesidad de explicar el mundo que creamos de manera que todos entiendan su aspecto y lo vean tan hermoso como lo vemos nosotros. El problema es que la sobre adjetivación y el uso excesivo de adverbios puede sacar al lector de la lectura por medio del más absoluto aburrimiento.

Esto yo lo llamo “la enfermedad del barroco” porque creo que nos ha pasado a todos en mayor o menor medida al empezar a escribir fantasía, pero hay que tenerlo en vereda para que no se nos vaya de las manos.

Posible solución: Revisiones sinceras y variadas. De uno mismo, y de otros lectores beta. Al final, poco a poco uno se va dando cuenta de cuando se pone barroco hasta que ya deja de hacerlo.

 


 

Estos son los errores que a mí me llaman más la atención cuando leo fantasía. ¿Cuáles son los tuyos?

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