La novela como organismo, o cómo salir del bloqueo

villano

Existen mil y una formas de sentirse abrumado al escribir. Esto es de lo más normal, pero puede ser peligroso si nos acaba desanimando a dejar nuestros proyectos.

En ocasiones, uno de estos peligros radica en que sabemos cómo queremos que comience nuestra historia, muchas veces también su final e incluso algunas escenas clave o puntos de giro… pero no cómo desarrollar lo que sucede entre medias. Estas escenas tienen que ver, muchas veces, con momentos en los que no sabemos por donde continuar o donde se desarrollan situaciones que implican un conocimiento determinado de un tema que a lo mejor no dominamos.

A medida que he ido escribiendo me he dado cuenta de esta situación y de lo mucho que desanima. De cuan desarrolladas tenemos algunas escenas en nuestra cabeza, y otras cuan poco. Aquí es donde radica el peligro. En este punto es cuando llegan esos bloqueos de escritura tan temidos. ¿Cómo salir del paso? Para ello he montado esta estructura en mi cabeza en la que pienso cada vez que veo venir un bloqueo o me encuentro en él. ¿Cómo funciona?

En primer lugar vamos a dividir la novela como si fuera, realmente, un organismo. Para ello tenemos esqueleto, musculatura, órganos y piel. Suena desagradable pero tiene su sentido. Vamos allá.

  • Esqueleto de la novela

El esqueleto es el esbozo inicial. Es la idea que tiene lugar en nuestra cabeza en su formato más simplificado, aquello que queremos transmitir. Para tener el esqueleto necesitamos tener un esbozo de los personajes y de las escenas clave, como puntos de giro o el final. Esto no es así en la escritura improvisada pero de eso ya hablaremos, porque este esquema se aplica principalmente a aquellos que planifican la estructura de su novela con antelación.

El esqueleto es el primer borrador más básico. Si llegamos a esas escenas que no sabemos desarrollar (y eso suele pasar casi siempre), simplemente podemos salir del paso con algo sencillo. Seguimos escribiendo, y si nos bloqueamos, desarrollamos una escena con poca conversación o contenido que lleve a la siguiente que nos interesa y ya regresamos a ella más tarde. Muchas veces, al ir desarrollando las ideas que tenemos con el tiempo, se nos ocurre cómo arreglar o mejorar estas escenas pasadas. Ya sea añadiendo texto (músculo, de lo que hablaremos más tarde) o reescribiendo completamente porque los órganos no están en su sitio. Si no sabes como continuar, escribe y simplifica, pero sigue. Ya lo arreglarás más tarde.

  • Órganos de la novela

Se trata de la forma y la textura que queremos darle a la historia, aquellos elementos que la hacen funcionar. Cada órgano debe estar en su sitio o el resultado puede ser una criatura que nazca medio muerta. Esto se hace aplicando correctamente las normas esenciales de una historia, con su introducción, nudo y desenlace, sus puntos de giro y su cohesión. De esto hablaré en otras entradas, aunque más o menos podéis haceros una idea del concepto.

El escritor es, en cierto modo, un mago. Mientras muestra el elemento en que quiere que el lector se fije, en la manga esconde el truco (o los trucos) de verdad, que se revelan en el último acto. Su pericia es la que logrará que el lector no llegue a darse cuenta hasta el final de la función. Si lo logra, el impacto será increíble.

  • Musculatura de la novela

Una vez tenemos la idea desarrollada y establecida, hemos determinado cómo va a estar colocado todo y lo tenemos claro, es hora de añadir músculo. Es decir, de desarrollar las escenas, crear conversaciones consistentes o reescribir cosas que han quedado colgando. La visión del escritor es importante para estos momentos, aunque ante la falta de perspectiva siempre puede ayudar un grupo de lectura o tener uno o varios lectores beta.

Por otra parte hay que entender que muchas veces, en las fases en que desarrollamos esqueleto u órganos, ya vamos añadiendo musculatura porque tenemos claro cómo se van a desarrollar ciertos aspectos de la historia. Siempre, en cualquier caso, hace falta retocar todo lo que hacemos al principio. Al menos esa es mi experiencia. Y no porque esté mal, sino porque a medida que la historia que queremos contar crece en nosotros, incluso estando planificada, acaba sufriendo ciertos cambios (que suelen ser a mejor). Esto ayuda a redondear la trama y a crear una historia sólida.

  • Piel de la novela

Has terminado el borrador. ¡Felicidades! Pero ahora viene un trabajo que para unos resulta más aburrido y para otros menos: Revisar. Últimar los detalles, gramática, ortografía y sintaxis. Es decir, darle el acabado final, la piel, el aspecto. Aquí también entra pasar la novela por los lectores beta para encontrar errores de contexto o cohesión y pulir el borrador las veces que haga falta.

En esto se basa el aspecto final que tendrá la novela y es importantísimo, porque por mucho que una historia sea buena, si no se presenta de la forma correcta y profesional, no será tomada en serio y eso sería una pena. Si tenemos un cuerpo perfecto con órganos sanos y musculatura fuerte, pero el rostro se ve feo y lleno de pústulas, sería una pena que nadie quisiera conocer a ese tipo que tanto tiene que aportar, ¿no?

Es una comparación algo asquerosa pero creo que el tema se entiende. La idea principal de este concepto es mantener esa mentalidad de novela como organismo en nuestras cabezas mientras se escribe, saber que todo lo que se desarrolla se puede arreglar más tarde y que no hay que perder la cabeza ni la sangre fría. Escribir una novela es un pulso contra uno mismo y nuestros miedos. En próximas entradas seguiré ahondando en temas estructurales que se han tratado en ésta entrada.

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