Seklusyon (2016), sobre la maldad humana

Seklusyon

Hace poco arrancó en Manila, la ciudad donde vivo, el Metro Manila Film Festival 2016, un festival anual de cine que obliga a las salas de todo el país a limitarse a proyectar películas filipinas durante dos o tres semanas. Aunque el año pasado también tuvo lugar no llegué a darle una oportunidad: había oído que estaba algo denostado porque las películas solían ser bastante malas, a pesar de que la raison d’etre de esta celebración es seleccionar las mejores de cada año. Todo esto se debe, al parecer, a influencias, desmanes, nepotismos y enchufes varios. Nada que no conozca de mi propio país, por otro lado.

Pero éste año ha sido diferente. Hay en verdad una buena selección de películas y documentales que espero ir comentando por aquí, y la que va a iniciar este pequeño espacio dedicado al cine es también la primera película filipina que veo en un cine. Y valió la pena.

Seklusyon (Seclusión, vamos), ambientada en los años cuarenta, nos cuenta la historia de varios aspirantes a cura que se encierran en un monasterio alejado de la sociedad, con motivo de completar su aprendizaje y ser nombrados si consiguen superar su reclusión. Mientras, los rumores de que una niña enviada de Dios está curando a la gente se hacen cada vez más sonados. Un incidente provocará que la muchacha, junto con la monja que la tiene a su cargo, acabe resguardándose en el monasterio con los aspirantes. Allí, estos se enfrentarán a sus miedos y temores, revelando la naturaleza real de cada uno.

En primer lugar, quiero decir que ésta película ha sido calificada de “terror”, cuando no lo es en absoluto. Si bien concede algunos momentos de tensión, imágenes impactantes y algún susto, el film está enfocado a hablar más de nuestros demonios internos que de los seres sobrenaturales que nos acechan, aunque éste componente se encuentre a lo largo del film.

La película se toma su tiempo para mostrarnos, a través de imágenes en ocasiones sobrecogedoras, los miedos y demonios ocultos en cada uno de los aspirantes -que son excesivamente guaperas, para mi gusto- así como de la monja que acompaña a la muchacha. Con bastante maestría y una imagen muy cuidada nos da retazos, nunca conceptos definidos, de cual es el problema de cada uno. Hasta que estos se van manifestando.

La muchacha, Anghela, es una niña con poderes sobrenaturales (y muy siniestros) que se dedica a curar a la gente sin motivo aparente. No sólo lesiones externas: también heridas psicológicas. Pero hay siempre en todo ésto un halo sospechoso que hace al espectador preguntarse qué está ocurriendo. En éste aspecto, la película es un hilo constante que no deja lugar al aburrimiento. La dinámica de la película está desarrollada de manera que los personajes se intercambian y todo punto en la historia es uno que deseamos conocer, arrojando incluso, en alguna ocasión que otra, algún retazo de humor.

Durante la primera hora se nos regala la promesa de una película de terror diferente, y esa promesa se mantiene: El mal no se encuentra en el exterior. Los personajes luchan contra él en su interior y no todos lo logran de igual manera. La maldad, cuyo vehículo conductor es la forma de una niña, no procura daño contra ellos, pero desea apoderarse de sus corazones. La forma en que éstos hechos están hilvanados es remarcable, porque en el fondo lo que se nos muestra es que el mal es cosa de humanos, sin dejar de lado el componente sobrenatural que guía algunos actos, y hace encajar todo en un puzzle definido.

Una de las frases más interesantes que se dicen en la película es: “Los hombres no caminan por naturaleza hacia la bondad, sino hacia lo que es más sencillo.”, esto hace alusión a la dificultad de las personas hacia cambiar su esencia y sus actos; su naturaleza, la de todos los aspirantes que a través de la iglesia pretenden redimirse. Los hombres tienden a la bondad siempre que resulte sencilla. Pero hacer las cosas bien, ser correcto, no es siempre sencillo. De hecho, en muchas ocasiones es realmente difícil mantenerse recto. Y eso es lo que el mal desea. No se trata de sangre y muertes, sino de torcer las almas y corromper los espíritus.

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